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jueves, 18 de junio de 2009

Hans Pfitzner - Palestrina - Grabación Legendaria‏


Nació este anciano en Moscú, el 5 de mayo de 1869, hijo de Robert Pfitzner, director de orquesta del Teatro del Estado de Frankfurt (1). La primera formación musical la recibió de su padre, a la vez que estudiaba en el Conservatorio de la misma ciudad. Ya a los veintitrés años, consigue trabajo como profesor en el Conservatorio de Coblenza e inicia la composición de una de sus grandes obras, "Der arme Heinrich" (El pobre Enrique), después de haber creado ya gran número de lieder y musicado "El Festival de Solhang" de Ibsen, así como realizado una obra para contralto coro femenino y orquesta, titulada "Der Blumen Rache". (2)
Un año después, en 1893, obtiene su primer éxito artístico, al ejecutar sus propias obras en un concierto en Berlín. Ello le anima a continuar por el camino emprendido; su reconocido talento musical y literario le vale el segundo puesto de maestro de capilla en el teatro de Maguncia, cargo que merece después del estreno de "Der Arme Heinrich", que había tenido lugar, con éxito. en esta misma ciudad, el año anterior. (3)
Se traslada a Berlín en uno de esos continuos cambios de residencia que serán constante en su vida , donde fue profesor de composición en el "Sternschen Konservatorium". En 1899, contrae matrimonio, circunstancia ésta que influye poderosamente en su vida y su obra, pues que, poco después, animado por sus incipientes triunfos, su favorable situación económica y alentado extraordinariamente por su esposa, empieza a trabajar en "Die Rose von Liebesgarten" (La Rosa del Jardín del Amor), obra que estrenará en Elberfeld en 1901.
La acogida que el público tributa a la nueva obra es más bien fría, y en particular por parte de la crítica, que nunca le sería demasiado favorable. El tema elegido para la obra, un cuento de simple desarrollo (4), sorprende a un auditorio que esperaba otro tipo de desarrollo dramático. Ello no obstante, no cabe duda de que, musicalmente, se trata de la mejor composición de su autor hasta el momento.
Continúa su labor de composición, poniendo música a "Al Käthchen von Heilbronn" de Kleist, y a "Christelflein", de Stach. En esta época se traslada a Strasbourg, como director del Conservatorio del Estado, pasando seguidamente a ser director del teatro de la ópera de dicha ciudad. Durante su labor en este empleo desarrolla una programación de acuerdo con sus ideas estéticas, iniciando ya ahora una lucha artística que le acompañará hasta su muerte, y por la que se verá relegado al olvido en que morirá. Combate duramente a sus enemigos artísticos, Schönberg, Schreker,Weil, Mahler, a numerosos seguidores de estos y a varios impresionistas franceses. Contrario decidido de ciertas tendencias dodecafónicas y atonales, no vacilará en poner todo su empuje al servicio de su ideal artístico, sin pensar en las graves consecuencias que una tan sincera y decidida postura podrían reportarle en el futuro. Ello no obstante, por ahora, su esforzada labor y sus constantes y brillantes trabajos, literarios y musicales, le valen ser nombrado doctor "honoris causa" en filosofía por la Universidad de Strasboug.
En 1917 estrena su ópera más conocida, "Palestrina", dirigida por Bruno Walter (5), quien manifestaría posteriormente su admiración por la obra con estas palabras: "Por muy turbia que nuestra época sea, estoy profundamente convencido de que "Palestrina" quedará. Esta obra posee en sí misma todos los elementos de la inmortalidad".
Pese a la tenaz oposición de sectores musicófilos muy determinados, Pfitzner continúa su tarea, alcanzando un clamoroso éxito con su cantata "Von deutscher Seele", pese a que no resulte ser de lo mejor del compositor. Premios, condecoraciones y distinciones se suceden en esta época, uniéndose a una vida intensamente sentida una prometedora carrera, entristecidas ambas, tan sólo, por la muerte de su esposa acaecida en 1926, y que sume al compositor en un profundo estado de malencolía. Ello no es obstáculo, no obstante para detener su afán de compositor, consiguiendo dar forma a su último gran drama, "Das Herz" (El Corazón), cuyo estrenó constituye un éxito sin precedentes en la carrera del compositor. Podríamos considerar, con toda justicia, el año 1931 como una de las dos fechas más importantes en la vida de Hans Pfitzner: su reciente obra "Das Herz" es estrenada simultáneamente en Berlín y en Munich, alcanzando más de 20 representaciones y siendo dirigida en una y otra ciudad por Wilhelm Furtwängler y Hans Knapperstbusch respectivamente. El hecho de que ambas grandes figuras dirijan, con clamoroso éxito, este último drama, en las dos capitales alemanas, constituye casi como la definitiva consagración de Pfitzner, considerado entonces como figura destacada de la composición alemana, junto a su compatriota Richard Strauss.
La hasta entonces difícil etapa de un autor largamente perseguido y combatido parece apuntar a su fin, para dejar paso a un período de gloria y libertad, en el que la dedicación a la música y a la literatura pueda ser completa, sin trabas ni dificultades. Lejos estaba por aquel entonces, no obstante, el artista, de prever la tristeza de su fin; por aquellos años se limitaba a vivir intensamente la felicidad de ser uno de los compositores más aplaudidos de Alemania.
Pese a la trágica situación que su país atraviesa, sumido en un estado de miseria, de inflación y crisis, con la República de Weimar, pese a los radicales cambios habidos en dicho país en 1933, pese a los profundos trastornos sociales operados por el nuevo régimen y a los graves problemas planteados en esta época, Pfitzner puede vivir momentos de esplendor, que irán en crescendo hasta 1939, la segunda gran fecha de su carrera de compositor.
En este año, Alemania, recuperada de pasadas crisis, superadas las dificultades económicas procedentes y convertida en primerísima potencia mundial, vive en un ambiente artístico destacable; grandes figuras de la composición y la dirección europea del siglo XX disfrutan en estos años del mayor apoyo popular y estatal, dirigiendo o estrenando sus propias obras; podríamos citar, entre otros, a Strauss, Elmendorff, Furtwängler, Böhm, Knappersbusch, Abendroth, Lehar, Kraus, Karajan, etc. cuyos nombres son ya exponente del elevado nivel musical y artístico alcanzado. Justamente el año 1939, en los albores de una nueva conflagración mundial, supone el apogeo de la actividad musical de la Alemania de entreguerras; pero precisamente en ese mismo año cumple Pfitzner los setenta; esta efemérides se celebra de forma solemne por todo el país: los teatros de ópera representan todas las obras del compositor, y las salas de concierto incluyen sus famosos lieder, sus piezas para orquesta de cámara, sus sinfonías o conciertos. El mismo es invitado a dirigir sus propias obras en una u otra ciudad, lo cual no impide a tan ferviente admirador de Wagner a cuyo Parsifal ha dedicado una de sus más bellas obras literarias dirigir las composiciones del Maestro en el bosque de Zoppot, frente a una orquesta de 130 profesores.
Si la Divina Providencia hubiese sido piadosa con él, hubiera hecho coincidir tan señalada fecha, llena de gloria y aplauso popular, con la de su muerte, y entonces se recordaría su figura como la de un compositor aceptado por su época como es raro encontrar. Pero el fin previsto como desenlace a ese cuento que es la vida de cada ser humano era muy distinto.
Empieza la guerra, y con ella la progresiva disminución de actividad musical; pese a ello, continúa componiendo y estrenando nuevas obras, en particular la sinfonía en Do, op. 46, estrenada en 1940, difundida por varios países y que, según creo recordar, también fue estrenada en España. En 1941 da forma a otra importante obra, la cantata "Fons salutifer", op. 48, y en 1942 puede ver estrenada su obra "Palestrina" en Paris (6), con gran éxito. Hasta 1944, sus obras siguen siendo representadas con más o menos asiduidad (7) pero en el advenimiento del fin de la contienda, y la catástrofe subsiguiente, la actividad musical alemana acaba por desaparecer. Pfitzner se traslada a Viena, y posteriormente a Garmish Partenkirchen, y desde estos momentos se inicia la lenta y angustiosa agonía de un anciano que fue compositor famoso como el que más, pero lo cual no le ahorrará un olvido forzoso.
Sus ideas nacionalistas y su decidida oposición a ciertas tendencias dodecafónicas nacidas de la obra de Schönberg, sirvieron para granjearle gran número de enemigos; no parece ser cierto que políticamente tuviese relaciones con el Nacionalsocialismo, pues no se tiene noticia de que perteneciera al partido, si bien, ya en 1923 conoció personalmente a Hitler, cuando éste fue a visitarle en el hospital en que se encontraba enfermo. Si bien otras muchas personalidades de la música, que tuvieron relaciones directas con el Partido Nacionalsocialista, tales como Richard Strauss, Cósima Liszt, directores varios, no sufrieron molestia alguna, bastaron las ideas y escritos de Pfitzner recogidos en cuatro gruesos volúmenes de obras completas, hoy verdaderamente difíciles de conseguir , para sufrir venganza desde 1945. En este año, el compositor tiene 76 de edad, se halla medio ciego, y carece en absoluto de recursos para sobrevivir; no disponía ya ni de lo indispensable, y si puede continuar una lánguida existencia, llena de miserias, ello es debido a los donativos que recibe, por parte de quienes sienten compasión, no por el genio destrozado, sino por el anciano arruinado y débil. Incluso algunos de sus enemigos artísticos acaban enviándole paquetes de comida para evitar que muera de hambre en cualquier calle, como un perro
Así, arrastrándose, viviendo de limosnas de antiguos conocidos, perseguido sin saber por qué, como no fuera por unas ideas y unos desastres que él no había provocado, Pfitzner da con sus huesos destrozados en un asilo de ancianos que piadosamente lo aceptan, y en el que lo hemos hallado al principio de nuestro relato. Allí se resigna a esperar la muerte; allí queda, enterrado en vida, aquél que, diez años antes tan solo, era aplaudido en las salas más importantes de Alemania y cuyas obras interpretaban las orquestas de más renombre. A1 parecer, Pfitzner representaba algo que debía hacerse olvidar, que debía desaparecer; y así fue como ocurrió, su vida se extinguió en la oscuridad, en el anonimato, en el olvido. En realidad, su figura, ya cuarteada por las arrugas y encogida por los años, no era sino la personificación del genio que había tenido la desgracia de vivir en una época que no acepta genios ni individuos sobresalientes e independientes, en una época de resentimientos y venganzas, de odios y crueldades, en una época que asiste y aún hoy día se prolonga al triunfo de los intereses económicos por encima de los puramente espirituales y artísticos, a la victoria de la vulgaridad, al desastre de la inspiración.
Esa inspiración, que es preocupación constante de Pfitzner en sus numerosos escritos, y por la que deberia de pagar caro su orgullo de no querer bajar la cabeza frente a sus enemigos : En una fosa común se habría perdido su cuerpo, totalmente desconocido, si no hubiera sido porque un mes antes de su muerte, con motivo de su 80 aniversario, la ciudad de Salzburg se acuerda del malogrado compositor y se propone suavizar sus últimos años. Pero la promesa de ayuda llega demasiado tarde y Pfitzner muere el 22 de mayo -el mismo día, casual coincidencia, que naciera su compositor más admirado, Ricardo Wagner-, en la misma miseria que le había envuelto en su última época. Pfitzner, el injustamente olvidado, el brutalmente marginado; Pfitzner, el deliberadamente humillado y perseguido, sólo encuentra, como tímida reparación en la tierra a la deuda con él contraída, un humilde, solitario y silencioso entierro que la Orquesta Filarmónica de Viena sufraga, simplemente para evitar que su cuerpo vaya a parar a la fosa común (8)
Desde aquel entonces, hace ya veinticinco años, su cuerpo reposa allí, bajo tierra, y sus partituras descansan, también enterradas, en pesadas carpetas que nadie se atreve a desempolvar. Un silencio absoluto acoge su muerte, y durante años, sus obras son silenciadas en forma absoluta,, tan absoluta, que diríase que jamás existió ese tal Hans Pfitzner que nació en Moscú, que logró renombre universal, y que hemos hallado, agonizante, en un miserable asilo de ancianos austríaco... Pero el tiempo es siempre justo, y lo que el hombre deliberadamente acalla, él lo desentierra al cabo de los años.
Sólo a partir de la década de los setenta, pero cada vez con más intensidad, renace un nuevo interés, por la obra primero, y por la vida después, de un genio que vivió entre nosotros y que ni conocíamos, perdidos en buscar genios de épocas pasadas, y descuidando a los de la nuestra: redescubrimos a Bach, a Telemann o a Albinoni, pero ¿debemos por ello olvidar a los genios del siglo XX? Pfitzner rompe, poco a poco, el hielo con que se le rodeó, y, a pesar de lo escaso de su obra (unos 50 opus), irrumpe ya hoy en dia en la discografía alemana con mayor número de discos todos ellos de muy reciente aparición que, por ejemplo, Pergolesi, Albéniz, Borodin o Massenet. El pasado año, Frankfurt puso en escena su obra magna, "Palestrina", y para este año se preve su representación en Viena, la ciudad bajo cuya tierra descansa; parece, no obstante, que, aun hoy dia, un mal hado le persiga, prolongando su infortunio: así, cuando Keilberth se hallaba preparando, en 1968, una puesta en escena de "El Pobre Enrique", murió repentinamente, mientras dirigía el segundo acto del Tristán. También a Robert Heger se debe un intento fracasado de dar a conocer "La Rosa del Jardín del Amor", cuya grabación fue difundida por muchas emisoras alemanas y extranjeras, perdiendo sin embargo poco después su audiencia.
Podríamos decir que Pfitzner es el anti Haydn o el anti Mozart, en el sentido de que si, para éstos, parece que la composición musical sea tan natural como el agua al pez, en nuestro compositor cada obra debe ser meditada y dificultosamente originada. Sufre él los males de un siglo, y se ve sacudido por los mismos problemas de su tiempo: no hallamos en él esa prolífica actividad musical, casi desenfadada, ni esa radiante felicidad, e incluso intrascendencia, de los compositores de antaño, sino, ante todo, una excesiva meditación, un complejo planteamiento, que da vida a sus obras, no por escasas menos valiosas. La continua lucha que debió mantener para ir logrando el estreno de las mismas, la amarga desazón nacida del constante enfrentamiento a la música ya oficialmente reconocida como la "verdadera" (dodecafonía y tendencias similares), implantada como una nueva academia en toda Europa, debió influir poderosamente en este carácter reconcentrado de su obra, marcando incluso su misma personalidad. Relegado a la oposición durante gran parte de su vida, se mostró infatigable en ésta; revolucionario y luchador nato, su sinceridad compenetró de tal modo ideas y obras con su propia existencia, que su ejemplo resulta difícil de seguir en un mundo como el actual, en el que parecen haber triunfado, al menos a nivel oficial, todas aquellas tendencias que él combatía tan ferozmente. Fiel servidor del arte supremo, jamás se dejó influir por coacciones ni amenazas: Su vida, como su obra, resulta genial.
Esta imagen del compositor solitario y angustiado, amargado por una lucha demasiado dura para dulcificar una vida, lucha que deja, incluso, huellas en su mismo aspecto físico, tiene algo de deje romántico, de posición generosa, de ambiente novelesco. Pero, quizás, lo que aún no se haya intentado todavía es enjuiciar la obra de Pfítzner y hallarle su lugar histórico, su aportación musical. Valgan unas cuantas disgresiones al respecto para cerrar este artículo que, si bien sencillo, es el primero que se publica sobre este compositor en lengua castellana. Riemann afirma, en su historia de la música, que Pfitzner es el único compositor que puede considerarse heredero directo de Wagner, negando incluso tal particularidad a Strauss. Hace poco, en estas mismas páginas, el bajo Martti Talvela, en la entrevista que un colaborador nuestro le hizo en París, nos comentaba que quizá era más a Schumann que a Wagner a quien había tomado como maestro el compositor moscovita. Ambos compositores definen ya un poco las preferencias de nuestro compositor: De Wagner admira sus dramas, a los que intenta hallar continuación; de Schumann, sus ciclos de lieder, en los que también intentará destacar. W. Abendroth, el más importante biógrafo de Pfitzner, escribía hace poco: "Fue la histórica misión de Pfitzner liberar los valores imperecederos del romanticismo del proceso de disolución de la perecedera época romántica". Podríamos calificar a Hans Pfitzner como un romántico, como el último gran romántico, que intentó hallar una salida para la música contemporánea distinta de la que otros compositores, partiendo de idénticas premisas, hallaron desviándose hacia tendencias más atonales. A todo ello cabe añadir su admiración por los pioneros del romanticismo musical alemán, como lo demuestran sus revisiones de "El templario y la judía" y "El Vampiro", de Marschner, o su entusiasmo por "El Cazador Furtivo" de Weber.
La imagen del compositor romántico, volcado sinceramente en su obra, y personificada en esa desesperada locura con que acabarán Wolf o Schumann, es igualmente apicable al paso de Pfitzner por este mundo, una vocanada de aire fresco, de vocación, de sinceridad y de dedicación, hacia esa manifestación tan sublime del hombre que se llama la Música.
( Monsalvat, número 15 )

Fragmentos de Palestrina

Borromeo

Solamente el espíritu artístico en su pureza podrá conseguir la superación de las controversias que nos separan en estos tiempos. Sólo el sentimiento más alto, capaz de elevar el espíritu a lo supremo puede llegar a unirnos, gracias al prodigio de los más hermosos sonidos. Esto está reservado solamente a la obra maestra que resuelva todas las disputas gracias a su forma artística, proclamando la Gloria de Dios con sonidos carentes de todo artificio. Así me fue permitido superar la última oposición enfrentada a mis deseos. Si una tal obra es lograda, -esto es lo que el Papa me transmitió -podremos levantar la condena que amenaza a todo el arte. La forma y estilo de la nueva Misa se convertirán en canon. La composición de esta obra traería consigo la salvación y reforma del arte de los sonidos. (Borromeo, inspirado por su propia alocución, se ha puesto en pie. Palestrina ha hecho lo mismo.) ¡Y sois vos el que debe escribir esta Misa! ¿Quién sino vos sería capaz de unificar inspiración con sentimiento religioso y arte en una sola obra? ¡Animo, Maestro! Cread esta catedral de maravillosos sonidos cual flor nacida de la cruz, para vuestra eterna gloria y salvación de la música en Roma.

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Datos del audio a descargar:

La Ópera Palestrina (1.917), Obra del Compositor alemán Hans Erich Pfitzner, con un libreto del propio músico basado en las vivencias del Compositor italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina y el papel que este desarrolló en el contexto histórico del Concilio de Trento.

La Ópera Palestrina está dividida en tres actos (Pfitzner la denominó como "Leyenda Musical en Tres Actos"); la acción se desarrolla en la ciudad italiana de Trento, a mediados del siglo XVI.


Hans Pfitzner (1.869-1.949)
Palestrina, Ópera in 3 Acts
Libretto: Hans Pfitzner
Estreno: Prinzregententheater de Múnich (1.917)
Director: BRUNO WALTER

Chor und Orchestra der Wiener Staatsoper
Robert Heger - Conductor
Live Recording, 16.12.1964, Wien.

Personajes Principales:

Palestrina - Giovanni Pierluigi da Palestrina - Maestro de Capilla de la Basílica de Santa María La Mayor de Roma.
(Tenor Heroico).
Fritz Wunderlich

Papst (Papa) --Giovanni Ángelo Médici di Marignano - Papa Pío IV
(Bajo serio profundo).
Gottlob Frick

Giovanni Morone - Cardenal legado del Papa
(Barítono de carácter).
Walter Berry

Bernardo Novagerio - Cardenal legado del Papa
(Tenor de carácter o Tenor Lírico).
Gerhard Stolze

Christoph Madruscht - Cardenal y Príncipe Obispo de Trento –
(Bajo serio).
Walter Kreppel

Carlo Borromeo - Cardenal Romano
(Barítono heroico o Barítono de carácter).
Otto Wiener der kardinal von Lothringen (Cardenal de Lorena) - Cardenal del Ducado de Lorena.
(Bajo de carácter o Bajo-Barítono).
Ludwig Welter

Abdisu - Patriarca de Asiria.
(Tenor Lírico).
Peter Klein

Anton Brus von Müglitz - Arzobispo de Praga.
(Bajo de carácter o Bajo-Barítono).
Harald Pröglhöf

Graf Luna (Conde de Luna) - Embajador y Orador del Rey de España. (Barítono Lírico).
Robert Kerns

Der bischof von Budoja (Obispo de Budoja) - Obispo de Budoja.
(Tenor Lírico).
Gerhard Unger

Theophilus (Teófilo) - Obispo de la Ciudad Italiana de Imola.
(Tenor de carácter o Bufo).
Erich Majkut

Avosmediano - Obispo de la Ciudad Española de Cádiz.
(Bajo de carácter o Bajo-Barítono).
Alois Pernestorfer die erscheinung der Lucretia (voz de Lucrecia) – esposa de Palestrina, muerta recientemente.
(Soprano).
Hilde Rössel-Majdan

Ighino - hijo de Palestrina, de quince años de edad.
(Soprano Lírica).
Sena Jurinac

Silla - pupilo de Palestrina, de diecisiete años de edad.
(Mezzosoprano Dramática).
Christa Ludwig

Ercole Severolus - Obispo y Maestro de Ceremonias del Concilio de Trento.
(Barítono de carácter o Bajo-Barítono).
Hans Braun

Act I

Vorspiel
Scene 1: "Schönste, ungnäd'ge Dame"
Scene 2: Ighino! gut, daß ich dich seh!
Scene 3: Warum tun deine Worte mir so weh?
Scene 4: Ich wußte wohl,
Scene 5: Laß jetzt das Leid der Welt
Scene 6: Seltsamliche Geräusche hört
Scene 7: Die Kunst der Meister
Scene 8: Es drohet nicht von eitlen Dilettanten,
Scene 9: Wie schön ist, was Ihr sagt!
Scene 10: Ich kann Euch nicht verstehn!
Scene 11: Der letzte Freund,
Scene 12: Für Ihn, - Sein Wesen will's.
Scene 13: Ach wohl! - mein Blick ist
Scene 14: Wohl weiß ich, daß auch ihr
Scene 15: In dir, Pierluigi
Scene 16: Allein in dunkler Tiefe
Scene 17: Final: Ighino, sieh doch, komm herein!

http://www.sendspace.com/file/y4aitm


Act II

Vorspiel
Scene 1: Noch eine Bank! Und schnell!
Scene 2: Morone ist von Innsbruck schon
Scene 3: Ein liebreich würd'ger Herr,
Scene 4: So wird, was in den letzten Wochen
Scene 5: Zahlreich wird heut'
Scene 6: Die Italiener dort seht!
Scene 7: Von weither wandert ich,
Scene 8: Ich, Ercole Severolus
Scene 9: Den Heil'gen Geist,
Scene 10: Ihr wißt, von des Kaisers
Scene 11: In der Verfassung des Gemüts
Scene 12: Final: Was nun! Was nun!

http://www.sendspace.com/file/tkt49x


Act III + Bonus

Vorspiel
Scene 1: Wie lange sie bleiben
Scene 2: Als sie dich griffen und banden
Scene 3: Evviva Palestrina
Scene 4: Wie einst im himmlischen Zion
Scene 5: Die Messe - ach,
Scene 6: O Vater, wirst du nun
Scene 7: Final: Nun schmiede mich, den letzten Stein

Bonus
Max Lorenz - Palestrina
Paul Schöffler - Borromeo

Wiener Philharmoniker
Festspielhaus Salzburg
Rudolf Kempe
1.955

Act I
Schlecht lohnt'ich Euch
Der letzte Freund,

http://www.sendspace.com/file/lx2xki


Covers and Synopsis
http://www.sendspace.com/file/k0foft

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Partituras

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